Castilla y León abre la puerta al amaranto, un cultivo que desafía al cambio climático

Amaranto (Imagen de Luisella Planeta Love Peace en Pixabay)

Castilla y León se ha situado en el mapa internacional de la investigación agrícola gracias a un exhaustivo estudio que reivindica al amaranto, un pseudocereal de origen americano considerado uno de los cultivos más prometedores para afrontar los retos alimentarios y climáticos del siglo XXI.

El trabajo, publicado este mes en "Frontiers in Plant Science", está firmado por un equipo multidisciplinar con una fuerte participación de la Universidad de Salamanca (USAL), el Instituto Tecnológico Agrario de Castilla y León (ITACyL) y la empresa vallisoletana Innovaciones Agroalimentarias S.L.

El artículo sintetiza décadas de avances científicos sobre esta especie todavía infrautilizada en Europa, pero con un enorme potencial por su resiliencia agronómica, calidad nutricional y aplicaciones industriales, desde la alimentación hasta la cosmética, pasando por los envases biodegradables.

Los autores subrayan que el amaranto, cultivado durante milenios en Mesoamérica, continúa mostrando rasgos de domesticación incompleta, pero posee una "combinación singular" de resistencia a estrés, plasticidad genética y valor nutricional que lo convierte en una alternativa real frente a la dependencia de cereales tradicionales vulnerables al calentamiento global.

La investigación confirma que las especies del género Amaranthus toleran sequía, salinidad, calor extremo, radiación ultravioleta y suelos pobres, gracias a mecanismos fisiológicos como la fotosíntesis C4, la acumulación de compuestos protectores y la activación de rutas antioxidantes.

Estos rasgos facilitan su cultivo en zonas afectadas por la aridez creciente, un escenario especialmente relevante para las campiñas de Castilla y León, donde los episodios de estrés hídrico y altas temperaturas son cada vez más frecuentes.

El equipo identifica también los genes implicados en estas respuestas, que abren la puerta a futuros programas de mejora genética orientados a incrementar su resistencia y rendimiento sin necesidad de grandes insumos. Esto lo sitúa como un cultivo estratégico para avanzar hacia una agricultura más sostenible y adaptada a condiciones extremas.

Más nutritivo que muchos cereales

Además de su fortaleza agronómica, el amaranto destaca por su perfil nutricional excepcional. Las semillas contienen entre un 13 y un 22 % de proteína, con una elevada concentración de lisina —un aminoácido escaso en trigo o maíz—, así como grasas ricas en ácidos insaturados y en esqualeno, un compuesto muy valorado por las industrias cosmética y farmacéutica.

Las hojas, por su parte, aportan vitamina C, betacarotenos, hierro y calcio, con niveles que superan a los de muchas hortalizas convencionales. 

Por esta combinación, los autores consideran el amaranto un aliado en la lucha contra la malnutrición y un ingrediente clave para diversificar la dieta en regiones que dependen en exceso de unos pocos cultivos.

Tanto la USAL como el ITACyL llevan años analizando la adaptación del amaranto a las condiciones de la Meseta. En Salamanca, el Instituto de Biotecnología estudia sus rutas metabólicas y su respuesta a estrés, mientras que en Valladolid se están realizando ensayos agronómicos para evaluar su implantación en rotaciones de cultivo, su manejo y su valor añadido para las industrias locales.

En paralelo, la Junta de Castilla y León impulsa proyectos para avanzar en su mejora genética, su transformación en productos de alto valor y la creación de nuevas oportunidades económicas en el medio rural.

El estudio describe también un mercado global del amaranto en plena expansión, impulsado por la demanda de productos sin gluten, alimentos funcionales y cultivos más sostenibles. 

Más allá del sector alimentario, se está investigando su uso en bioplásticos, envases activos, nutracéuticos y cosmética, además de su capacidad para fitoextraer metales pesados en suelos contaminados.

En sus conclusiones, los investigadores sostienen que el amaranto tiene el potencial de convertirse en un cultivo estratégico de resiliencia climática y en un motor de diversificación económica para regiones como Castilla y León.

Para lograrlo, señalan, será necesario impulsar programas de mejora genética, fortalecer las cadenas de valor, apoyar a los agricultores interesados en su implantación y acercar este pseudocereal al consumidor.