Cochino Jabalí
Bien, créanme, nunca creí que el Armagedón, vamos, el fin del mundo ganadero, nos viniese con tantas fanfarrias y con tan poca chicha.
¿Saben?, observando, desde este rincón de España, el grave asunto de la reaparición de la Peste Porcina Africana (PPA), y en paralelo a la pesadilla que supone imaginar el daño que supondría para nuestra actividad y la economía en general, lo que de veras me preocupa, lo realmente me alucina, es la reacción de los organismos competentes ganaderos, sean estos nacionales o autonómicos.
¿Qué ha hecho y dicho el ministro del ramo?, ¿qué han hecho y dicho los consejeros regionales?, bueno, pues eso, afanarse en correr a explicar que llega el fin del mundo. Y la cosa, siendo de gravedad, justificando miedos, una vez más, tiene más de reacción política que de posicionamiento zootécnico y socioeconómico. Pues algo está claro, el problema de la PPA en España no es un problema de gestión en granja y de la trazabilidad en la industria agroalimentaria, es un problema cinegético fruto de un atolondramiento público a la hora de entender y gestionar los espacios naturales.
El pasado viernes, puesto al habla con buenos amigos que actúan en la función pública de la Generalitat de Catalunya (GENCAT), y tras preguntar por como iba la cosa por allí, recibí la siguiente respuesta: “Ya lo sabes desde hace años. Cuando se decidió reintroducir el jabalí en las áreas forestales de la provincia de Barcelona, todos nos olíamos como acabaría el invento. No tiene lógica la presencia masiva de una especie prolífica e invasora, sin depredadores naturales, sin un adecuado control mediante batidas, y que, en la búsqueda de alimentos, no se detiene ante nada. ¿Cuántas veces no te has topado con jabalíes en los barrios norte de la ciudad?”.
Es cierto, no es casualidad que el jodido brote de PPA haya aparecido en Cerdanyola, en el pulmón verde de la Sierra de Collserola, pues allí, hemos sido tan tontos, que hemos normalizado que una especie silvestre acuda a los contenedores de basura, los tumbe, y se alimenten de restos domésticos. Permítanme el humorcito, hemos humanizado tanto la fauna, que el barcelonés medio, lejos de ver problemas en la proliferación de “porcs senglars” (jabalís en catalán), dice disfrutar viendo a “babe el cerdito valiente” corretear sin control en las áreas urbanas, agrícolas y boscosas, ¿qué podía salir mal?.
Pero regresemos a las autoridades competentes y a como deberían haber actuado a criterio de quien escribe. Primero, debieron poner en valor la solidez de una ganadería que se rige por normas más que estrictas, de hecho, España trabaja con el marco rector más exigente de la UE, y después incidir en lo evidente: ninguna de las 39 granjas sometidas a la zona de exclusión ha dado positivo en los animales estabulados. Lo dicho, el Sector Porcino trabaja bien y garantiza una producción de carne fresca y elaborada óptima.
En resumen, la cosa siempre es la misma. Las zonas productoras están olvidadas por las áreas metropolitanas, pero en ellas hay más votos que en las zonas rurales, y claro, nadie se atreve a decir a los urbanitas que esto de la peste no va ganadería, que esto es culpa del cochino jabalí, y que siendo la prevención la única acción posible para impedir su expansión, lo que toca es llamar a somatén a las sociedades de cazadores. De no hacerlo, tanto irá el cántaro a la fuente, que un jabalí acabará entrando en una granja y se cargará los 15.000 millones de euros que supone la porcicultura para nuestro país. Bien, sigamos trabajando.
José Andrés García Cuestas, director gerente en la Agrupación de Defensa Sanitaria de Ganado Porcino de Fuente Álamo (Adespofa)