Navidades y cerdos
El pasado viernes, viendo los lineales del supermercado rebosando de productos navideños, pensé que serán muy peculiares las Navidades que están viniendo. Hoy, imaginando la Epifanía de los Reyes Magos, he deseado que Sus Majestades, lejos de traer regalos, recojan -para llevarse lejos- lo que nos sobra. Bien, podrán ustedes preguntarse la razón por la que traigo a este particular hemiciclo las Pascuas en noviembre, y no se preocupen, haré por explicarme y ser entendido.
Los que vivimos en Fuente Álamo, o en alguna de las zonas ganaderas murcianas, despediremos el año -otra vez- en el convencimiento de que, en honor a la verdad, hace ya mucho tiempo que nuestra actividad no sale por nada bueno en las noticias. De hecho, la mayoría social, sus representantes políticos y los medios de comunicación, muestran un absoluto desconocimiento de la tierra de la que tienen el honor de ser ciudadanos, garantes de sus intereses comunes o defensores de su libertad de opinión.
Veamos, está visto que mezclar churras con merinas es, en este tiempo, algo propio de todo el mundo. Pero, ¿sabe el común de los mortales lo que son y cómo funcionan un cultivo o una granja?, ¿sabe de lo que habla cuando opina sobre la legalidad o la sostenibilidad del Sector Primario?. A fe mía que no, pero habrá de servir este escrito para colaborar en la corrección de dicho dislate. Por ejemplo, en mi Villa, no existen granjas ilegales. En todo caso, existen procedimientos administrativos pendientes de resolver y procedimientos medioambientales en vía muerta por una inoperante e imperdonable actitud política. Y si estos están como están, la responsabilidad nada tiene que ver con los ganaderos o agricultores que realizan la actividad, pues ellos sí son proactivos.
Es mi convencimiento que resulta acertado afirmar que solo el pueblo salva al pueblo, pero en esta emergencia no queda otra: debemos pasar a la acción y obligar a que, aquellos cargos electos que deben su representatividad a nuestros votos y a nuestra tributación, bajen a nivel de suelo y entiendan que ser progresista significa “crear progreso”. Por tanto, dado que la Región de Murcia vive de su agricultura y de su ganadería, y como no existe aún alternativa a la actividad del Sector Primario, que el pueblo se salve sigue dependiendo de las actividades propias de una región agropecuaria. Así que una cosa es trabajar por la sostenibilidad ambiental (cosa posible técnica y legalmente) y otra cosa es demostrar un cainismo salvaje contra las personas que trabajan cada día para facilitar que los lineales de nuestros supermercados estén abastecidos.
Bien, voy acabando. Me permito ofrecerme a todos ustedes como cicerone en eso de la ganadería pues la mayoría de la opinión pública parece haber olvidado que las críticas al campo, sus falaces afirmaciones, resultan y son totalmente antisociales, pues no debemos olvidar que eso de comer, que eso de alimentarnos, lo debemos hacer tres veces al día. Y ¡vaya!, los alimentos se cultivan y crían -adivínenlo- en el campo.
Miren, los que dicen ser portavoces de la voluntad popular han olvidado la máxima de un buen maestro, pues el maestro útil es aquel que nunca renuncia a ser alumno. Así que me pongo agradecido a disposición de AGRODIARIO y de todos ustedes, advirtiéndoles, eso sí, que, por favor, les guste o no lo que pueda expresarles negro sobre blanco, reflexionen antes de gritar, pues por mucho que uno grite, siempre serán los hechos y no las palabras los que expliquen la realidad.
Y puestos a hablar de hechos, en la Región de Murcia, sin cerdos, tendríamos una triste Navidad.
José Andrés García Cuestas, director gerente en la Agrupación de Defensa Sanitaria de Ganado Porcino de Fuente Álamo (Adespofa)