El campo murciano exhibe su fuerza histórica: más de 2.000 tractores colapsan las arterias de la Región en el ‘Súper Jueves’
El rugido de los motores diésel despertó ayer a la Región de Murcia con contundencia. En lo que las organizaciones agrarias bautizaron como el 'súper jueves', el campo murciano cumplió su amenaza y desbordó todas las previsiones: más de 2.000 vehículos, entre tractores, camiones y furgonetas de reparto, tomaron posiciones estratégicas desde primera hora de la mañana, logrando paralizar el tráfico en las principales autovías de la comunidad y poniendo en jaque la movilidad regional hasta bien entrado el mediodía.
No fue una protesta más; fue un grito de auxilio coordinado y unánime. Convocados por las tres grandes organizaciones profesionales —COAG, Asaja y UPA—, los agricultores y ganaderos del Segura salieron al asfalto para denunciar una "tormenta perfecta" que amenaza con desmantelar el tejido productivo del Levante español: la competencia desleal de terceros países, la burocracia asfixiante de la nueva Política Agraria Común (PAC) y, como herida siempre abierta en esta tierra, el recorte sistemático del Trasvase Tajo-Segura.
El mapa del bloqueo: de Lorca al Altiplano
A partir de las 9:00 de la mañana, la red viaria de la Región comenzó a teñirse de verde y amarillo, los colores de la maquinaria agrícola que avanzaba en columnas lentas pero implacables. Los puntos calientes, anunciados días atrás, se convirtieron en embudos infranqueables.
El foco de mayor tensión se vivió en la autovía A-30, columna vertebral del tráfico regional. A la altura de la Venta Garcerán, en el tramo que une Murcia con Cartagena, cientos de agricultores cortaron la circulación en ambos sentidos. Idéntica situación se replicó en el cruce de Blanca (sentido Madrid), aislando la conexión con el centro de la península y dejando imágenes de retenciones kilométricas que la Guardia Civil de Tráfico trató de gestionar habilitando desvíos por carreteras secundarias, las cuales también terminaron saturadas.
En la autovía A-7, a su paso por La Hoya de Lorca, la situación fue similar. Los agricultores del Valle del Guadalentín, una de las zonas hortofrutícolas más potentes de Europa, sacaron músculo bloqueando el carril en dirección a Murcia. A esto se sumó el corte en la MU-32 (antigua A-30), en el cruce de Archena con la Venta del Empalme, cerrando el círculo de una movilización diseñada para ser imposible de ignorar.
"No venimos a molestar a nuestros vecinos, venimos a luchar para que puedan seguir comiendo productos de calidad", explicaba a pie de carretera un productor de cítricos de Santomera, mientras una ambulancia era, respetuosamente, el único vehículo al que se le permitía cruzar la barrera de tractores.
"Productos llenos de mierda": la indignación contra Mercosur
Si algo unió ayer a los manifestantes fue el rechazo frontal al acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur. Las declaraciones de los líderes sindicales fueron directas. José Miguel Marín, presidente de COAG en la Región de Murcia, calificó la jornada de "éxito rotundo" y no se mordió la lengua al señalar el doble rasero de Bruselas.
"No podemos competir con las manos atadas a la espalda", clamaban los megáfonos. El argumento central de la protesta es la reciprocidad. Los agricultores murcianos denuncian que mientras ellos deben cumplir con estrictas normativas fitosanitarias, laborales y medioambientales que disparan sus costes de producción, los productos que llegan de Sudamérica o el norte de África entran en los supermercados europeos sin las mismas exigencias.
La frase más repetida de la jornada, cruda pero ilustrativa del hartazgo, resonó en varias concentraciones: "No queremos que lleguen a los supermercados productos llenos de mierda". Una referencia directa al uso de pesticidas prohibidos en la UE que sí se permiten en los países con los que Europa firma tratados de libre comercio.
La otra cara de la protesta: solidaridad en Plaza Belluga
Mientras las autovías eran un escenario de fuerza y humo, el centro de Murcia ofrecía una estampa radicalmente distinta, pero igual de reivindicativa. Fecoam y Proexport, las grandes federaciones de cooperativas y exportadores, en la emblemática Plaza Belluga, frente a la Catedral, repartieron miles de kilos de frutas y verduras de temporada: brócoli, lechugas, limones y alcachofas. Las colas para recoger los productos daban la vuelta a la plaza.
"Esto es lo que sabemos hacer: alimentar a Europa. Solo pedimos que nos dejen seguir haciéndolo", comentaba una representante de Proexport mientras entregaba una caja de hortalizas a una jubilada. Este acto simbólico buscaba visibilizar la paradoja del campo: productos de primera calidad que, a menudo, se quedan sin recoger en el árbol porque el precio de mercado no cubre ni los costes de recolección.
El agua y el futuro
De fondo, como un rumor constante, estaba la cuestión del agua. En un año hidrológico que vuelve a presentarse incierto, las pancartas en defensa del Trasvase Tajo-Segura eran omnipresentes.
Los agricultores exigen una planificación hidrológica nacional que no dependa del color político de turno y piden una moratoria al cierre de pozos y acuíferos hasta que las alternativas, como el agua desalada (cuyo precio sigue siendo un caballo de batalla por los costes energéticos), sean una realidad tangible y asequible.
A las 13:30 horas, tal y como estaba pactado con la Delegación del Gobierno, los tractores comenzaron a retirarse lentamente, liberando las autovías. No hubo incidentes graves, más allá de la lógica crispación de algunos conductores atrapados.
El 'súper jueves' ha terminado, pero el conflicto sigue vivo. Ahora, la pelota está en el tejado del Ministerio en Madrid y de Bruselas. Como rezaba una pintada en la pala de un tractor en la A-30: "Sin campo no hay despensa, y sin agua no hay vida".