OPINIÓN

¿Naranjos en Burgos? Nunca digas nunca jamás en agricultura

lunes, 9 de diciembre de 2019

¿Viñedos en Suecia? ¿Cítricos en Burgos? Aún no ocurre, pero son algunos ejemplos citados para hablar del futuro de la agricultura y el cambio climático por Pau Roca (Organización Internacional de la Viña y el Vino) y Francisco Espejo (Consorcio de Compensación de Seguros).


Desde el Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales (Ceigram), José María Sumsi pronostica que "el mapa de cultivos en Europa cambiará como consecuencia del cambio climático. El agricultor se tendrá que adaptar no solo con las técnicas, sino incluso en qué cultivos".


Según Espejo, las plantas y cultivos en España -para los que se han definido 13 tipos diferentes de clima- están cada vez más sometidas a "estrés por la variabilidad meteorológica".


Lo que ya es una realidad es lo que cuenta el agricultor José Roales (COAG): en su zona, Tierra de Campos (Zamora), hace diez años el trigo y la cebada se sembraban por El Pilar (12 de octubre) y se segaban en julio; ahora se siembra un mes después porque no llueve y se cosecha un mes antes porque el ciclo vegetativo del cereal acaba con el calor.


Roales habla de "incertidumbre" al referirse al futuro de los herbáceos en España por la climatología: "Hay zonas de secano en las que no se puede poner otro cultivo y donde los costes del regadío no compensan lo que luego te pagan por el producto", y el futuro depende de nuevas variedades que aguanten la sequía.


El productor Benjamín Faulí (Asaja, Málaga) asegura que ahora pasa más tiempo entre helada y helada, lo que ha favorecido la expansión del aguacate en lugares como el Campo de Gibraltar, donde se habían hecho intentos fallidos hace años y a día de hoy ya se recogen frutos; o en Valencia y Alicante, donde se extiende por más de mil hectáreas.


Entre los efectos más negativos, señala el aumento de los altos picos de temperaturas en meses como mayo, que inciden en la floración y cuajado de frutos como los cítricos y afectan a la evolución fisiológica de los árboles, al desarrollo de la campaña y a la proliferación de plagas que antes no se registraban en España.


"Van a cambiar las formas y las técnicas de cultivar", vaticina.


En Lleida, a Josep Cabré (Unión de Uniones) le preocupa el menor "reposo invernal" para la fruta de pepita y la de hueso, el aumento de heladas en primavera y que, por primera vez, este verano los golpes de calor de más de 40 grados en zonas productoras de Cataluña y Zaragoza "han quemado la cosecha de pera".


"Hay que buscar soluciones para seguir trabajando en una agricultura competitiva", reclama desde la Comunidad Valenciana Cirilo Arnandis (Cooperativas Agroalimentarias), quien achaca al cambio climático el aumento de los costes de producción por la subida de los seguros para los cultivos y por las plagas.


A pesar de ello, se muestra "optimista" ante el futuro: "Tenemos grandes agricultores y la historia ha demostrado que hemos ido evolucionando" ante los diferentes tipos de adversidades.


Desde la Conferencia Española de Consejos Reguladores Vitivinícolas, Jesús Mora confirma que los viticultores han pasado de la fase de concienciación a la de acción porque comprueban en primera línea el adelanto generalizado de vendimias y el aumento de las lluvias torrenciales o la sequía, que llega hasta a Rías Baixas.


"En un futuro, es probable que muchas denominaciones puedan verse obligadas a redefinir los límites de sus zonas geográficas", admite Mora, quien indica que hay un resurgir de las variedades autóctonas gracias a su mayor grado de adaptación a las condiciones naturales de la zona y a su resistencia a los efectos del cambio climático.


Según datos dl proyecto InfoAdapta Agri II de la organización agraria UPA, el 93 % de los agricultores españoles considera que el clima está cambiando y el 92 % entiende que el reparto de precipitaciones se ha modificado.


El propio ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación en funciones, Luis Planas, apuntaba hace apenas dos semanas en una jornada sobre el seguro agrario que "en los once primeros meses de 2019, los riesgos producidos por heladas, sequías, inundaciones y por la gota fría de septiembre -su efecto combinado en cítricos, frutas y hortalizas fue equivalente a las cinco gotas frías anteriores- sumaron ya 546 millones de euros".


El ingeniero agrícola y meteorólogo de la Aemet Cayetano Torres es tajante al asegurar que el mayor problema de España es el agua: "Tenemos el agua justa y todas las predicciones climáticas anuncian a una bajada de precipitaciones de entre un 5 y un 10 % de cara al año 2100 y con un régimen de precipitaciones más torrencial".

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