Ciencia

Reconstruyen la dieta y el modo de vida de dos yacimientos prehistóricos en La Bastida (Totana) y Gatas (Turre)

viernes, 13 de marzo de 2020

Yacimiento Arqueolu00f3gico La Bastida (Foto Ayto Totana)



El análisis isotópico de los restos biológicos recuperados en dos yacimientos de la Edad del Bronce, uno en La Bastida de Totana (Murcia) y otro en Gatas de Turre (Almería), ha permitido reconstruir la cadena trófica y las estrategias productivas de sus pobladores y determinar que ambos grupos humanos tenían un manejo diferente de los cultivos y el ganado aunque compartían una dieta similar.


Esa dieta estaba basada en el consumo de cereales con una pequeña aportación de carne y lácteos, según el estudio, publicado este miércoles en la revista especializada Plos One.


El estudio ha sido liderado por investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y se ha hecho en colaboración con científicos del Curt-Engelhorn-Centre Archaeometry gGmbH Mannheim de Alemania, el Danube Private University-Centre of Natural and Cultural Human History de Austria, y la Universidad de Lleida.


Los científicos han analizado materiales biológicos de dos yacimientos de la sociedad de El Algar, que prosperó en complejos asentamientos en las cimas de las colinas de toda la Península Ibérica desde el 2200 al 1550 antes de Cristo, y cuya disposición -además de las tumbas- refleja una marcada jerarquía social de sus habitantes.


Entre los dos asentamientos, el de La Bastida (Totana, Murcia) que fue una de las primeras ciudades de Europa, y el de Gatas (Turre, Almería) bastante más pequeño, los científicos recuperaron restos de 75 individuos humanos de todos los estratos sociales, 28 huesos de animales domésticos y ciervos salvajes, 75 semillas de cebada carbonizada y 29 de trigo carbonizado.


El análisis combinado de los isótopos estables de nitrógeno y de carbono, que diferencias los tipos de alimentos vegetales, animales, terrestres y acuáticos, ha permitido reconstruir la dieta e interpretar los resultados a partir de un conjunto muy fiable de datos comparativos.


Los científicos sugieren que ambas poblaciones compartían una dieta muy parecida -basada en el consumo de cebada y en menor grado de trigo, con cierto aporte de carne y lácteos-, con diferencias en el modo de producción.


Los habitantes de La Bastida cultivaron las tierras fértiles del Guadalentín, lejos de la montaña y del entorno incultivable que rodeaba la ciudad. Los animales pacieron en estos cultivos y se alimentaron del rastrojo de los cereales, probablemente en cercados montados después de la cosecha, y su estiércol aportó abono que aumentó la fertilidad y la rentabilidad de los cultivos.


En Gatas, en cambio, la población hizo una gestión más extensiva, con buena parte de la alimentación de los animales basada en los recursos naturales del entorno.


"La Bastida practicó una gestión más intensiva y conjunta de los cultivos y rebaños, que le permitió disfrutar de una economía agraria con capacidad para alimentar una población bastante numerosa -un millar de personas en aquel periodo-", explica Cristina Rihuete, investigadora del Departamento de Prehistoria de la UAB.


Sin embargo, el uso intensivo de los terrenos de cultivo que durante un tiempo favoreció el éxito económico de La Bastida e impulsó su dominio político y territorial, fue el causante de su declive final, sobre el 1750 a de C.


"Dietas más pobres en proteína y una gestión agropecuaria más intensiva son indicios de la crisis de subsistencia que, según nuestra hipótesis, causó el final abrupto de la sociedad argárica, aunque necesitamos continuar investigando para confirmarlo", señala Roberto Risch, investigador de la UAB.


El análisis de los isótopos mostró también que hombres y mujeres se alimentaban igual -sin diferencia de género en la dieta-, aunque algunos individuos (dos mujeres y un hombre) presentaban mayores niveles de carbono como nitrógeno, lo que indica algunos grupos de "elite" consumían más carne, una muestra de que hubo diferenciación social de clase.


Por último, el estudio sugiere por primera vez que el destete de los niños en la Península Ibérica durante la Edad de Bronce tenía lugar entre los 18 meses y los dos años, edad en la que se sustituía la leche materna por una alimentación basada en papillas de cereales. 

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