Ciencia

Hallan más evidencias de efectos neurotóxicos de un insecticida muy utilizado en agricultura

jueves, 2 de julio de 2020

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Investigadores de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona y de la Universidad de Almería han hallado nuevas evidencias de los efectos neurotóxicos de uno de los insecticidas más utilizados en la agricultura en todo el mundo, el clorpirifós (CPF).


El estudio ha analizado las afectaciones conductuales y moleculares derivadas de la exposición al clorpirifós, un plaguicida que es uno de los más cuestionados por sus efectos sobre la salud, y que ahora este trabajo relaciona con hiperactividad, autismo y adicciones.


A pesar de existir evidencias de sus potenciales efectos sobre el desarrollo, este insecticida está permitido para usos agrícolas en Europa y EE.UU, mientras que países como Tailandia ya lo han prohibido.


El estudio, elaborado por investigadores del Centro de Investigación en Neurocomportamiento y Salud (NEUROLAB), del Centro de Investigación en Desarrollo y Medida de la Conducta (CRAMC) de la URV y del Centro de Investigación en Salud (CEINSA) de la Universidad de Almería, aporta más luz sobre los perjuicios de la exposición, incluso a dosis muy bajas, a este plaguicida.


Según ha informado la URV en un comunicado, entre las principales conclusiones del estudio han encontrado que la exposición al CPF podría tener efectos neurotóxicos relacionados con hiperactividad, autismo y adicciones y provocar efectos sobre el aprendizaje y la memoria.


Para llegar a estas conclusiones, los investigadores administraron dosis bajas de este compuesto en crías de ratas y ratones recién nacidos, una etapa de la vida que se caracteriza por presentar un estado de desarrollo del sistema nervioso central similar al que se observa en humanos en las últimas semanas de gestación y primeras después del nacimiento.


Los autores encontraron que la exposición durante este período indujo comportamientos anómalos, que normalmente se observan en diferentes patologías psiquiátricas y neurológicas, como un aumento de la actividad motora en la adolescencia (asociado al trastorno por déficit de atención con hiperactividad), un aumento de las respuestas impulsivas (asociadas a patologías como autismo o adicciones), y una disminución progresiva de la motricidad con la edad (asociado a patologías neurodegenerativas como el Parkinson).


Mediante estudios neuropsicofarmacológicos también vieron cómo esta exposición modificó uno de los principales sistemas de neurotransmisión del sistema nervioso central, el colinérgico, cuya progresiva degradación es una característica fisiopatológica del Alzheimer.


Los investigadores también analizaron diferentes marcadores moleculares, y observaron que esta exposición afectó los niveles de expresión de diferentes genes en áreas concretas del cerebro; alteró la composición de la microbiota intestinal en diferentes edades e indujo alteraciones selectivas en los niveles de diferentes metabolitos en sangre, esenciales para el correcto funcionamiento del organismo y siendo específico en hembras.


"En el laboratorio trabajamos con ratones transgénicos que llevan un gen humano, el APOE3 o el APOE4, que se sabe que presenta vulnerabilidad ante diferentes enfermedades. Hemos comprobado que tanto el genotipo como el sexo afectan de forma diferente a la sensibilidad a los componentes tóxicos del plaguicida, y también tiene que ver si se produce esta exposición en la etapa prenatal, posnatal o en la edad adulta", ha detallado María Teresa Colomina, del grupo de investigación NEUROLAB de la URV. 

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