Salud

Expertos de la EFSA advierten de la toxicidad de los gllicoalcaloides en las patatas y otros alimentos

miércoles, 12 de agosto de 2020


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La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés) ha advertido de la toxicilidad de los glicoalcoloides, presentes en las patatas y otros alimentos, y ha recomendado investigar más y recabar más datos para poder conocer de forma precisa sus efectos en la salud.

Así concluye un estudio realizado por la EFSA a petición de la Comisión Europea (CE), publicado este martes, en el que se analizan los datos existentes hasta ahora y que los especialistas consideran insuficientes.

"Los expertos identificaron riesgos para la salud en niños y bebés", tanto entre consumidores de mucha cantidad de patata como de aquellos con un consumo "medio", mientras que entre los adultos sólo observan motivos para preocuparse en el caso de los primeros.

Por ello, recomiendan que la dosis de glicoalcaloides sea inferior a un miligramo al día, por cada kilo de peso del consumidor, ya que en menores cantidades no se ven efectos perjudiciales.

"Pelar, hervir y freír puede reducir el contenido de glicoalcaloides en la comida. Por ejemplo, pelar las patatas rebaja su contenido entre un 25 y un 75 %, cocerlas en agua lo reduce entre un 5 y un 65 % y freírlas en aceite permite reducirlo entre un 20 y un 90 %", han detallado.

"En humanos, los efectos tóxicos de los glicoalcaloides en patatas (solaninca y chaconina) generan síntomas gastrointestinales como náuseas, vómitos o diarreas", recuerdan los autores del informe, que recuerdan que estos compuestos están presentes igualmente en los tomates y la berenjena.

En casos "severos", se han detectado parálisis, insuficiencia respiratoria, fallo cardíaco, coma y muertes asociados a un consumo muy alto de patatas.

La veintena de expertos reunidos por el panel de la EFSA consideran que no hay cifras suficientes para poder determinar cuál es la implicación en la salud del consumo de glicoalcaloides a largo plazo, ni siquiera en base a estudios con animales, y advierten de que la falta de datos "puede provocar que el riesgo se exagere o se infravalore". 

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