El pasado 21 de enero de 2026, el proyecto TIRRAQUI celebró un nuevo taller participativo con pescadores artesanales, marrajeros y de arrastre de la Cofradía de Pescadores de San Pedro del Pinatar, con el objetivo de compartir y debatir el protocolo de manipulación y liberación de condrictios (tiburones y rayas) capturados de forma accidental durante la actividad pesquera.
Este protocolo es fruto de una colaboración estrecha entre el proyecto TIRRAQUI y los proyectos SARKO de la Fundación Marilles, Guitar-Hero de la Universidad de Murcia y E-lasmobranc de la Universidad de Alicante, combinando investigación científica, experiencia técnica y conocimiento práctico del sector pesquero.
El proyecto TIRRAQUI se desarrolla en el marco de las estrategias de conservación y gestión sostenible de los recursos marinos promovidas por el FEMPA y la Fundación Biodiversidad, y tiene como objetivo principal analizar la interacción de las pesquerías de arrastre y artes menores con los condrictios y sus hábitats en espacios de la Red Natura 2000 (LIC y ZEC) y en las zonas ISRA (Important Shark and Ray Areas) de la Región de Murcia y la provincia de Alicante.
Tiburones y rayas: piezas clave del ecosistema marino
Los tiburones y rayas desempeñan un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas marinos. Como depredadores superiores o también conocidos como depredadores apicales por estar en la cúspide de la pirámide trófica marina, regulan las poblaciones de otras especies y contribuyen al mantenimiento de la estructura y estabilidad de las redes tróficas.
Al depredar preferentemente sobre individuos débiles o enfermos, favorecen poblaciones más sanas y resilientes. La reducción o desaparición de estos depredadores puede alterar profundamente el funcionamiento del ecosistema, provocando aumentos en cascada de otros grupos tróficos y desencadenando procesos de cascada trófica que afectan a hábitats sensibles y a la biodiversidad marina.
Un escenario de alta vulnerabilidad en el Mediterráneo
El Mediterráneo es reconocido como una de las regiones más críticas del mundo para la conservación de los condrictios. Más del 50 % de las especies evaluadas se encuentran amenazadas según la UICN, debido a factores como la presión pesquera histórica, las capturas accidentales, la pérdida de hábitats esenciales y su biología particularmente vulnerable.
Estas especies se caracterizan por crecimientos lentos, maduración sexual tardía, baja fecundidad y largos periodos de gestación, lo que limita su capacidad de recuperación ante descensos poblacionales. En este contexto, la reducción de la mortalidad asociada a las capturas accesorias se convierte en una prioridad para su conservación.
El protocolo de liberación como herramienta práctica de conservación
Durante el taller celebrado en San Pedro del Pinatar se presentaron las principales recomendaciones del protocolo de liberación, centradas en mejorar la supervivencia post-captura de tiburones y rayas. Entre otros aspectos, el documento aborda técnicas de manipulación segura a bordo, la reducción del tiempo de exposición aérea, el uso adecuado de herramientas de corte y criterios específicos según el tipo de arte de pesca.
La aplicación de estas medidas permite avanzar hacia una pesca más compatible con la conservación de especies protegidas, facilita el cumplimiento de la normativa vigente y refuerza el compromiso del sector pesquero con la sostenibilidad de los ecosistemas marinos.
La colaboración pescadores–científicos: un pilar fundamental
El taller de San Pedro del Pinatar se suma a los ya celebrados en otros puertos del Mediterráneo, consolidando una dinámica de trabajo conjunto entre pescadores y científicos. Este enfoque participativo resulta clave para adaptar el conocimiento científico a la realidad operativa de la pesca profesional y garantizar que las medidas propuestas sean viables y eficaces.
La implicación directa del sector pesquero en el diseño, validación y aplicación de los protocolos favorece su aceptación y mejora los resultados de conservación. Estas sinergias representan una buena práctica de gobernanza participativa, en la que todos los actores implicados aúnan esfuerzos para proteger especies especialmente frágiles y asegurar el futuro de los ecosistemas marinos y de la propia actividad pesquera.