El bienestar de mis cochinos y la derogación del RD 809/2025

José Andrés García Cuestas
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Es un hecho, muchas de las normas que pretenden garantizar el bienestar de la cabaña porcina en nuestro país son, cuando menos, falaces por falta de conocimiento y, cuando más, absolutas absurdeces.

A los hechos me remito. En menos de cuatro meses hemos visto como, a causa de una sentencia del Tribunal Supremo (TS), se declaró la nulidad del número cuatro de la disposición final cuarta del Real Decreto 159/2023 que establecía el aumento de superficie por plaza ganadera porcina y, más tarde, como se derogaba el Real Decreto 809/2025 que sustituía y corregía al 159. ¿Motivos?, básicamente uno, el insuficiente análisis del impacto económico de la aplicación de la norma. Lo tuvo claro el TS: una cosa es predicar y otra dar trigo. Es decir, no puede armarse una norma sin prevenir las pérdidas de los que realizan la actividad. Aumentar superficie por plaza reducía la producción, y además, la norma no facilitaba construir nueva superficie en granja para no perder censo. Vamos, una forma de actuar más propia de cuatreros que de sustantivos competentes ganaderos.

Y la pregunta es, ¿quién tripula esto del bienestar animal?. Evidentemente gentes poco avezadas en la materia. En el Ministerio y en las Consejerías  hay demasiados cargos con estudios que nada tienen que ver con ganadería y que anteponen la fe animalista a las razones técnico-científicas. La humanización de los animales es un hecho, y como los votos están en las zonas urbanas-metropolitanas, queda bien decir que lo primero a considerar es que los animales son nuestros hermanos (disculpen la boutade), y el hecho es que no es lo mismo un gato rechoncho dormitando en el sofá, que un cochino que habrá de facilitarnos la necesaria proteína en nuestra alimentación. 

Por otra parte, se equivocan las organizaciones del Sector sometiéndose a la errónea corriente de opinión bucólica que condiciona a los que legislan, pues cuando son llamadas a consulta, aceptan lo inaceptable. No podemos tragarnos que en leyes o decretos que nos afectan se potencie la participación de entidades de protección animal, y que no se validen los planteamientos de los ganaderos. Seamos claros, debe defenderse la libre opinión, pero abandonemos la corrección política, en este caso, no todas las opiniones valen lo mismo. 

Para tramitar un proyecto sobre materia ganadera, dada la relevancia de la actividad, lo correcto hubiese sido convocar a los expertos, es decir a los operadores, no a los transformadores. Son los ganaderos los que, con su conocimiento de la actividad y con su experiencia acumulada, podrían haber mejorado el texto previo al RD 159/2023. Pero no, como antes apuntaba, los que legislan prefieren apoyarse en quienes propongan medidas aceptables para una mayoría social, vamos, idealistas y no técnicos ganaderos o socio-economistas. 

Los que estamos en harina llevamos demasiados años presenciando reuniones entre Ministerio y Comunidades Autónomas, cuyas propuestas nunca se concretan o que, de hacerlo, siempre es en menoscabo de los intereses de los productores. Algunas organizaciones presionamos para que se nos escuche, pero el desprecio es manifiesto. Interesadamente se desoyen nuestras propuestas y advertencias, cosa sorprendente, pues somos los capacitados para explicar el comportamiento de los animales, su biología y su salud. No nos engañemos, ningún ganadero quiere bajas en su granja, pues todo animal que no llega a término se traduce en pérdida en la cuenta de la explotación. El caso es que hemos tenido que acabar, demasiadas veces, haciéndonos escuchar mediante contenciosos. 

Todos deseamos el mayor bienestar de los animales, pero este no se consigue a base de decretazos, se logrará escuchando a los que tienen conocimiento de causa. El Ministerio ha comunicado que abre periodo de propuestas y alegaciones para redactar un nuevo Real Decreto, ojalá, por una vez, se imponga el sentido común. Mientras algo se decide, con su permiso, voy a procurar el mayor bienestar a mis cochinos, pues llueva, nieve, o haga calor, siempre están  reclamando  mi atención.

José Andrés García Cuestas, director gerente en la Agrupación de Defensa Sanitaria de Ganado Porcino de Fuente Álamo (Adespofa)

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