Lo primario es la disfunción pública

José Andrés García Cuestas
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Vaya por delante, el concepto es lo importante para empezar, ¿para qué sirve la función pública?, pues atendiendo a que la función pública comprende el conjunto de actividades y servicios prestados por el Estado (o cualquier nivel de gobierno) con el fin de alcanzar sus objetivos y satisfacer el interés general, así como el régimen jurídico que regula a las personas que los desempeñan, diríase que la utilidad del Sector Público es desarrollar su actividad, de forma directa o delegada, con el único propósito de cumplir con el interés de lo que llamamos el cuerpo social.   

En alguna ocasión, desde esta misma Tribuna y desde otras, he cargado contra las actitudes y las decisiones la Administración competente en materia ganadera (y por extensión agropecuaria), concretándolas en los criterios de inspección  y en otros colectivos de profesionales funcionarios, a los que podré reconocer adecuada formación y el esfuerzo de superar un duro sistema de oposiciones que, en base teórica, les reviste de capacidad y mérito, pero que llegados a la realidad de la gestión sectorial, poco tangible parece.  

Y claro, cuando nos alejamos de la realidad, la gestión práctica se extingue, y se construye un mundo paralelo que tan solo sustentan el papel y los procedimientos electrónicos. Uno ya es más que veterano, así que, ¡qué puñetas!, les diré que en la época de la Extensión Agraria (SEA) el ente funcionaba de forma cercana a las gentes del medio rural, vamos, a los hombres y mujeres que ejercían la actividad agraria y ganadera.  Puesto a recordar quiero romper un bravo por Vicente Lloret, un agrónomo que, en compañía de una sola administrativa, gestionaba -con total éxito- toda la zona productiva agrícola todo el término municipal de Fuente Álamo de Murcia (18.900 Has cultivables). ¿Cuántos actuantes tenemos ahora?, ¿hemos ganado eficacia y eficiencia?, es evidente que no. 

Bien, una prudente labor de observación de la realidad nos demuestra, de forma inapelable, una degradación de lo público desde hace ya demasiados años. Y pareciera que ello no es posible, pues los cargos públicos designados para patronear se llenan la boca de proclamas en defensa de nuestro campo. Se jactan de su compromiso con mensajes que no contienen nada pero que suenan estupendamente. Y no, no defienden nada que no sea el propio interés, y olvidan que es la actividad económica de los administrados la que mantiene la estructura pública, y acaban apareciendo enemigos del Sector y no sus aliados. Hoy tememos a una Administración que sirve a objetivos políticos (no importan las siglas) que nada, absolutamente nada, tienen que ver con la defensa de los intereses generales de los que les hablaba al principio. 

Miren, la gestión pública, al menos en lo relacionado con el campo, obedece a lo afín, al objetivo político y no al objetivo productivo. Vamos, que toda propuesta de base que signifique el sector privado se desprestigia, se ridiculiza, se neutraliza. No se cumple aquello tan cacareado de que el dato mata al relato, sucede que las Administraciones construyen una realidad paralela que inhabilita la realidad. 

Pero lo importante, lo realmente relevante, es definir, describir a los que tripulan a la marinería funcionarial. Los oficiales al mando, los llamados cargos políticos se eligen a dedo, sin que resulte necesaria una adecuada formación, tan solo es menester una identificación con la ideología dominante para que les resulte sencillo interpretar las cuestiones técnicas y legales al margen del prescindible profesional tributante. 

Bien, en la voluntad de acabar con la reflexión, a otro perro con ese hueso. No es cierto que la Administración Pública sea eficaz y eficiente. Ya no procura bienestar, ya no es digna de defender normas inmediatas o generales, ya no se estructura con los mejores. En resumen, ya no cumple con labores esenciales para el Estado, ya no es otra cosa que un enemigo que depreda, en repetidas y continuadas razias, a un Sector Primario que aún no ha aprendido a defenderse.

Hoy, no lo duden, para nuestros Sustantivos competentes, nuestro campo es una disfunción, tan solo útil cuando se convierte en moneda de cambio. 

Seguimos trabajando.

José Andrés García Cuestas, director gerente en la Agrupación de Defensa Sanitaria de Ganado Porcino de Fuente Álamo (Adespofa)